Materia
Salí de aquel encuentro y confrontación un poco pensativa y preguntándole al Espíritu Santo a que se refería y que era eso que no estaba sano. Con todo el amor Él me respondió, “aquella herida es una ofensa” a lo que yo respondí ¿una ofensa, no entiendo? A lo que el Espíritu Santo me dijo: “Tu estás ofendida, en tu corazón hay ofensa”. Para mí eso no podía ser posible, sin embargo, mi diagnostico fue ese.
¿Cuántos hemos tenido heridas en nuestro cuerpo? Puedo pensar que el 100%. Depende de la herida que tengas puedes seguir con tu vida normal, aunquemuchas veces estamos heridos u ofendidos y podemos seguir haciendo nuestra vida normal. Sin embargo, algo dentro de nosotros se está infectando y en algún momento saldrá materia por aquella herida.
En este proceso me di cuenta que estaba ofendida con Dios y con otras personas y Él me dijo: “la razón por la que te ofendes es porque no hacen las cosas como túquieres” ¡auch! Eso dolió, porque yo pensé que ese tema ya estaba muy sanado, sin embargo, me he ofendido con Dios porque Él no ha hecho las cosas como yo quería o me ofendo con mis papás, con mi pareja, mis líderes, jefes o amigos.
Gracias a Dios tenemos a nuestro ayudador que noshace ver las cosas que debemos trabajar en nuestro interior. El Espíritu Santo me recuerda lo que Jesúsenseñó a sus seguidores: la oración modelo del Padrenuestro "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores." (Mateo 6:12). E insistió: "Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial" (Mateo 6:14).
En la Biblia, el libro de Proverbios afirma: "El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.” (Proverbios 17:9).
Así que Dios fue destapando aquella herida que no estaba sanada y mostrándome la verdad, porque la verdad me hará libre. Descubrí que es casi imposible ser feliz sino perdono a los demás y más importanteaún si no me perdono a mí misma. Esto es una condición básica y necesaria para tener amigos, querer a los demás y vivir una vida sana emocionalmente.
También me di cuenta que era algo muy oculto o que quizás yo había escondido muy bien. Las manifestaciones que yo generaba en resentimiento estaban principalmente en mi interior y esto me bloqueaba para la acción, estaba presa en mi propia cárcel y me encerraba a mí misma. Mi corazón estaba herido y no respondía con libertad; estaba preso en mi propio resentimiento. Esta herida estaba desde adentro e iba haciendo su labor hasta que llegó a ser visible como lo es una infección en una herida.
Y algo muy importante es que en medio de todo esto recordé que el perdón tiene más que ver con la voluntad. Cada vez que yo perdono, opto por cancelar “la deuda” que el otro ha contraído con su actuar, es decir, lo libero de “su deuda”.
Hay cuatro cosas que aprendí de este llamado de atención:
1. Debo ponerme en el lugar del otro
Debemos aprender a ponernos en el lugar del otro, antes de juzgar sus acciones. Casi todas las actitudes y conductas humanas tienen una explicación.
2. Pensar que el otro puede necesitar ayuda
Si hemos sido agredidos, el problema es del agresor porque es quien ha actuado mal. Sin embargo, nosotros debemos estar abiertos al perdón y, aún más, a tenderle la mano porque necesita ayuda y, posiblemente, nuestra ayuda.
3. Entender que podemos decidir
Aprendí a tener claro que nadie puede hacerme daño si yo no quiero. Está en nuestras manos levantar una barrera ante las ofensas.
4. No buscar perfecciones exageradas
Nadie es perfecto, y errar es de humanos. A veces, los problemas surgen de buscar una perfección exagerada en los demás cuando todos somos falibles.
Así que nuestro reto es empezar a crear una cultura de perdón y esto incluye perdonar con frecuencia, no como algo excepcional. Y para esto debemos estar dispuestos a ver lo mejor del corazón del otro y poder decirle "sé que no eres así, sé que eres mucho mejor y te perdono", queriendo siempre lo mejor para quien nos han ofendido y se han equivocado. Y sé que me dirás que estoy loca o que es demasiado difícil, y sí, te entiendo, sin embargo, tenemos a nuestro Ayudador, así que nada ni nadie nos puede robar la bendición de vivir con un corazón que no se ofende rápidamente, ni con Dios ni con los demás.
“El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.” (Salmos 147:3)
Editado por Emerson Martínez @ememartinez25

No hay comentarios: