Aquella promesa
¿Te acuerdas de esa primera promesa que Dios te hizo? ¿Ya se cumplió? Yo me acuerdo de mi primera promesa y sabes, todavía no ha llegado. No sé tú, pero yo soy la persona menos paciente, quiero tenerlo todo controlado y me frustra mucho la espera. En mi caminar con Jesús, Él si que me ha moldeado en estos aspectos y puedo decir que he ido mejorando, sin embargo, sigo trabajando en eso.
Tiempo después, el Señor le habló a Abram en una visión y le dijo: —No temas, Abram, porque yo te protegeré, y tu recompensa será grande. Genesis 15:1
Abram le respondió: —Oh Señor Soberano, ¿de qué sirven todas tus bendiciones si ni siquiera tengo un hijo? Ya que tú no me has dado hijos, Eliezer de Damasco, un siervo de los de mi casa, heredará toda mi riqueza. Tú no me has dado descendientes propios, así que uno de mis siervos será mi heredero. Genesis 15: 2
Después el Señor le dijo: —No, tu siervo no será tu heredero, porque tendrás un hijo propio, quien será tu heredero. Genesis 15:3
¿Le creemos a Dios cuando nos da una promesa? Cuando las circunstancias toman control de mis emociones y descuido lo que Dios está pronunciando a mi vida, mi corazón y mis ojos empiezan a mirar lo humano y me olvido del poder de Dios, colocándolo al mismo nivel que el nuestro, todo porque quiero hacer las cosas a mi tiempo, ritmo y fuerza.
Abram recibió esa increíble promesa. La manera de recibir las promesas de Dios es por medio de una relación íntima con Él, ¿por qué nuestra cajita de promesas esta vacía? ¿estamos teniendo intimidad con el Padre? ¿estamos atesorando las promesas vacías del mundo? Si leemos más adelante esta historia, nos daremos cuenta que mucho tiempo después Sara recibe la promesa de Dios, quizás ella no la recibió al mismo tiempo porque no estaba teniendo una comunión con el Padre, y tanto fue esa falta de incredulidad que al ver que no podía concebir le dijo a Abram que se acostara con su sierva Agar. Cuando no generamos una relación de intimidad con Dios no crecemos en fe, ¿De qué pozo vacío estamos recibiendo sino estamos yendo a la fuente verdadera? Y esto hace que queramos hacer las cosas a nuestra manera, pretendiéndole “ayudar a Dios“ a cumplir Sus promesas en NUESTRO tiempo. Dios no necesita ayuda. La fe debe crecer por medio de la intimidad con Dios.
Quiero que vayas a la Biblia y cuentes cuantas veces Dios le reafirma la promesa a Abram. Se la confirma una y otra vez, porque Él sabe nuestra naturaleza, sabe nuestra humanidad. Él desea alimentar nuestra fe día a día recordándonos que lo que el promete lo cumple. Quiero decirte que yo, muchas veces, recibo las promesas y lo que hago es guardarlas en el cajón de las cosas de “algún día” y cuando Dios me quiere recordar esas maravillosas promesas lo que hago es decirle “hoy no Dios”, “mira esto, mira aquello”, y no dejo que Dios me recuerde que eso sucederá. No será en mi tiempo, pero sí en el de Él. ¿Existe algo demasiado difícil para el Señor?
Aunque Abram tenía esa relación cara a cara con Dios, en un momento falló como tú y yo, y eso nos debe llenar de esperanza porque él tampoco contaba con una fe eternamente sólida y aun así pudo ver la gloria de Dios. Aunque falló en creer esa promesa, Dios cumplió. Ni nuestras propias fallas harán detener las promesas de Dios. El Espíritu Santo me dijo un día, “cuando tú tratas de lograr los fines de Dios por medios humanos, esto te puede llevar de un pecado a otro, a veces las situaciones más difíciles son las que tu misma provocas por tu afán de ver ya cumplida la promesa.”
La fe no tiene un parámetro de medición, la única manera de saber cuanta fe tenemos en nuestra vida es mirando cuantas veces la USAMOS. Las promesas locas de Dios muchas veces nos causarán risa porque creemos que eso no sucederá, pero Dios no quiere tu risa, Él quiere que USES la fe, porque todos pasaremos por pruebas y estas pruebas de fe terminan mostrando nuestras prioridades en la vida.
Si has recibido una promesa, no desfallezcas, ni la guardes en el cajón del “algún día”, riega esa promesa en intimidad con Dios. No debemos pretender llegar ahí por nuestras fuerzas, debemos ser pacientes en el proceso y que todo lo que hagamos, día a día, sea para honrar a Dios y dejarlo ser Él.
Editado por: Emerson Martínez @ememartinez25

Muchas gracias por el recordatorio, también suelo ser muy impaciente y trato de ayudar a Dios, he aprendido la lección y se me vuelve a olvidar, se que es de cada día, gracias!
ResponderEliminarTú lo dijiste: es de cada día!!! Bendiciones
EliminarMuchas gracias Toti por dejarte usar por Dios y ser Su instrumento de gloria; al igual que tu yo también batallo con la impaciencia y me sentí MUY identificada con tus palabras!!! Saludos desde Ensenada, Bendiciones.
ResponderEliminarPreciosa, todos estamos en un proceso con Dios!!! Gracias por tus palabras y recordarme que no estamos solos! Te envío un súper abrazo
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