
Y
perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que
nos deben. Y no nos metas en tentación. (Lucas 11:4)
Este
domingo que pasó realmente es de esos días en los que dices: me levanté con el
pie izquierdo. Tuve una situación que me sacó lágrimas y que no entendía porqué
tenía que pasar si se suponía que yo había actuado bien. No sé si a ti te ha pasado,
pero cuando tengo una situación de ese estilo con alguien muy cercano, ya sea
amigos o familia, duele un poco más.
La
pregunta que me hago en los momentos que no me gusta es: ¿Señor, qué me quieres
enseñar? Y sin duda alguna, todo obra para bien si somos obedientes a escuchar
lo que Dios quiere trabajar en nuestro corazón. Así que esta situación me dejó
un principio que dio luz a mi vida.
¿Cuántas
veces nos han ofendido las personas que más amas? ¿Nos cuesta perdonar? Cuántos
de nosotros le hemos dicho a Dios: ¡es muy injusto! ¿Por qué tenemos que ser
nosotros los que pidamos perdón si no fue así? Creo que podría seguir
escribiendo sobre estas preguntas y no acabaríamos. Pero bueno, estas preguntas
y muchas más surgieron este domingo, a lo que el Espíritu Santo me dice:
¿Quién
perdona a quién primero?
Y
perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que
nos deben. Lucas 11:4
…como
Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Colosenses 3:13
Fue
algo que cuestionó mi corazón. Pude ver que cuando Jesús enseñó a sus
discípulos, con el modelo de la oración que él nos dejó, en donde enseña a orar
pidiendo a Dios que nos perdone “porque también nosotros perdonamos”, esto nos
muestra que no está diciendo que la iniciativa hacia el perdón es nuestra, al
contrario, dice lo siguiente: Dios nos perdona cuando creemos en Cristo.
De él dan testimonio todos los profetas cuando dicen que a
todo el que cree en él se le perdonarán los pecados por medio de su nombre.
Hechos 10:43
Entonces,
esto nos hace ver que luego de la experiencia de haber estado quebrantados, estaremos
gozosos, agradecidos y con esperanza por haber sido perdonados, y esta verdad
nos debe mostrar y tomar acción de ofrecer perdón a otros.
Esto
significa que el perdón que recibimos nos ha salvado. Es decir, el que nosotros
perdonemos a otros muestra que tenemos fe, que estamos unidos a Cristo y que el
Espíritu Santo mora en nosotros.
Pero
esto es un ciclo y aún pecamos, por eso seguimos regresando a Dios para recibir
nuevas misericordias de la obra que Cristo hizo por nosotros, es decir, para
recibir perdón nuevamente. No podríamos hacer esto con ninguna seguridad si
estuviéramos albergando sentimientos de un espíritu que no perdona.
»Por
lo tanto, el reino del cielo se puede comparar a un rey que decidió poner al
día las cuentas con los siervos que le habían pedido prestado dinero. En
el proceso, le trajeron a uno de sus deudores que le debía millones de monedas
de plata. No podía pagar, así que su amo ordenó que lo
vendieran—junto con su esposa, sus hijos y todo lo que poseía—para pagar la
deuda. »El hombre cayó de rodillas ante su amo y le suplicó: “Por favor,
tenme paciencia y te lo pagaré todo”. Entonces el amo sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó
la deuda. »Pero cuando el hombre salió de la presencia del rey, fue a buscar a
un compañero, también siervo, que le debía unos pocos miles de monedas de
plata. Lo tomó del cuello y
le exigió que le pagara de inmediato. »El compañero cayó
de rodillas ante él y le rogó que le diera un poco más de tiempo. “Ten
paciencia conmigo, y yo te pagaré”, le suplicó. Pero el acreedor no estaba dispuesto a esperar. Hizo arrestar al
hombre y lo puso en prisión hasta que pagara toda la deuda. »Cuando algunos de los otros siervos vieron eso, se disgustaron
mucho. Fueron ante el rey y le contaron todo lo que había sucedido. Entonces el rey llamó al hombre al que
había perdonado y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda deuda
porque me lo rogaste. ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión
de ti?”. Entonces el rey, enojado, envió al hombre a la prisión para que lo
torturaran hasta que pagara toda la deuda. »Eso es lo
que les hará mi Padre celestial a ustedes si se niegan a perdonar de corazón a
sus hermanos. Mateo 18:23-35
Es por
eso que Jesús dice que oremos por perdón, porque nosotros estamos
perdonando. Es como decir: “Padre, continúa otorgándome las misericordias por
las que Cristo pagó, porque por ellas yo renuncio a la venganza y otorgo a
otros lo que tú me has otorgado”.
Que
nuestros corazones tengan el deseo de perdonar primero, sin importar lo que
sucedió. Así como recibimos misericordia, demos misericordia a otros, experimentemos
nuevamente el perdón de Dios hoy para que esa gracia rebose desde su corazón
hacia los demás en forma de perdón.
Editado por: Emerson Martínez @ememartinez25
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