Se cumplió



Pero el Señor le dijo a Samuel: —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón. 1 Samuel 16:7

¿Recuerdas aquella oración que tanto le hiciste a Dios y hoy estás viviendo ese milagro? Bueno, así me pasó.

No recuerdo cuántas veces lloré, cuántas veces me desilusioné, cuántas veces sentí que nunca llegaría. Definitivamente estar en la sala de espera nunca será divertido; la espera no es divertida, sin embargo, sí que nos enseña mucho.

Siempre he escuchado a muchas personas decir que hay dos decisiones muy importantes en la vida: cuando decides aceptar a Jesús como tu Señor y salvador y la otra es ¿con quién me casaré? Esta segunda si que daba vueltas en mi cabeza desde hace un par de años.

¿Quién no ha sufrido de amor? Bueno, yo sufrí mucho por mi responsabilidad, por tomar malas decisiones, por poner mi mirada en hombres y no en Dios, pensando que mis faltantes o necesidades serian llenos al momento que yo encontrara al famoso “príncipe azul”, lo que no me estaba dando cuenta es que tenía mis ojos puestos en personas que jamás podrían llenar esos vacíos, jamás. Estaba perdiendo mi tiempo, le estaba dando poder a las circunstancias para que hicieran con mi vida lo que ellas quisieran.

Pero un día Dios me confrontó como ustedes ya saben que lo ha hecho, haciéndome ver cosas que yo había ignorado por mucho tiempo, ¿quieres hacer las cosas a tu manera? Replicó Dios. Nunca involucraba a Dios en mi parte amorosa, ¿por qué debía hacerlo? Era como si me encantara tropezar con la misma piedra, “esta vez será diferente” me repetía a mí misma. ¿Cuántas veces nos repetimos a nosotros mismos mentiras porque tenemos miedo de afrontar la realidad? Muchas veces coloqué cinta en grietas que algún día me harían derrumbar si no iba realmente al fondo de la situación. Y eso fue lo que un día pasó, toqué fondo.

Sabes una cosa, cuando Dios te toma de la mano puedes correr en dirección contraria si quieres, pero siempre habrá algo que Dios usará para recordarte donde es que realmente debes estar, ahí estaba yo, en un lodo fangoso que me estaba ahogando, tocando fondo; pero mirando al cielo me pregunté ¿este es el final? ¿no hay más? A lo que el Espíritu Santo me dijo: “cuando llegas al fondo hay dos opciones: o te ahogas en tu propia razón o te impulsas con la palabra de Dios”. ¿Qué tenía yo que perder? Ya lo había perdido todo, así que tomé la opción Dios, y decidí involucrarlo en mi área amorosa.

“Está bien Dios, esta vez vamos juntos, no te sacaré de la ecuación”. Me di cuenta que llevaba haciendo lo mismo y eso me llevó a tener los mismos resultados, “empecemos de nuevo, pero ¿cuál sería el principio?”

Primero me pregunté si estaba en los planes de Dios que me casara. Que difícil es poner a Dios en el día a día y en las preguntas que quizás nos da miedo la respuesta, pero da más miedo estar en un lugar donde no debes estar por el resto de tus días; así que empecé por esa pregunta y gracias a Dios la respuesta fue sí.

Ahora venía lo difícil ¿Quién es? Me senté con Dios a soñar, escribiendo mis deseos y describiéndolo de pies a cabeza, a lo que Dios me pregunta ¿eres tú la mujer que cumple la lista de aquel hombre que pides? ¡Auch! Eso dolió. Tenía mucho trabajo por delante así que me puse manos a la obra para estar a la altura de lo que yo estaba pidiendo. Así comenzó el camino en trabajar en mí y ser cada día una mejor versión, y por la persona que iba a llegar en su momento para compartir un camino de crecimiento todos los días.

Fue retante, claro que sí. Quise volver a lo mismo, claro que sí. Que pensé en tomar atajos, claro que sí. Que quise volverlo hacer a mi manera, claro que sí. Que fallé, claro que sí. Que me peleé con Dios, claro que sí. Que me molesté, claro que sí.  Que un día dije: seré como Pablo, claro que sí. Que me comparé con otras mujeres y relaciones, claro que sí. Que quise volver a lo mismo, claro que sí y muchas cosas más, sin embargo, Dios en su infinita misericordia si que me tuvo paciencia y hoy te puedo decir que:

Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Salmos 126:5

Te puedo decir que valdrá la pena, hoy tengo mi milagro conmigo. Dios me entregó a Jonathan en el momento donde ambos estábamos listos. Seguimos trabajando muchas cosas, pero puedo decirte valió la pena la espera, cada lagrima, cada frustración y cada cosa que Dios nos permitió vivir para llegar al punto donde estamos hoy. Sé paciente, no te adelantes a los tiempos, enfócate en trabajar en ti y disfrutar la etapa de la soltería que es hermosa, la persona está y entre más te enfoques en enamorarte de Jesús y depender únicamente de Él, la espera, te aseguro, que será llevadera y la disfrutarás. Cuando yo dejé de buscar, Dios empezó a actuar, cuando yo solté el control, los milagros empezaron a suceder.

Te presento a mi milagro @jonathanjcp


Editado por: Emerson Martínez @ememartinez25

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