¿Somos enseñables?




Cuando se viene a mi mente el adjetivo obediente me remonto a mi infancia, donde me repetían una cantidad de veces al día la palabra “obedece”. Sin embargo, ese adjetivo no es muy popular hoy en día. Un personaje que encontramos en la Biblia nos habla que la obediencia es mejor que cualquier sacrificio (1 Samuel 15:22), esto se podría decir en otras palabras, que somos capaces de vivir con sacrificio al dar a los pobres, sacrificio al diezmar, etc, pero ¿permitimos que nos digan lo que tenemos que hacer? ¿Somos enseñables?
 
Siendo sincera, a mí muchas veces no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, y es algo que Dios me ha mostrado y trabajado en mi vida, mostrándome que hay ciertos caracteres y espíritus (y no hablo de los espíritus que andan por ahí, sino nuestro propio espíritu) que simplemente no son enseñables. No le puedes enseñar a un espíritu arrogante, no le puedes enseñar a un espíritu sabelotodo, no le puedes enseñar a un espíritu que siempre está a la defensiva, no le puedes enseñar a un espíritu orgulloso; sin embargo, un espíritu humilde no puede mantenerse sin ser enseñable.
 
El Espíritu Santo me mostró que cuando hablamos de la obediencia, la condición de nuestro espíritu es muy importante, tanto así que un día me hizo esta pregunta: ¿Qué tan enseñable eres? Desafortunadamente, me di cuenta que en cuanto más mayor era, cuánto más he vivido la vida o más conocida era, más me resistía a recibir consuelo. No se si te pasa igual, pero esto fue una confrontación para mi corazón y mi espíritu.
 
Los que me conocen muy de cerca saben que soy muy buena en mi parte social y no tengo dificultad para entablar relaciones, sin embargo, soy muy selectiva con las personas que dejo entrar a mi vida de una forma “íntima” por decirlo así. Dios ha sido muy bueno y me ha entregado personas hermosas, así que tengo una amiga con la que quedo para desayunar cada vez que las dos estamos en la misma ciudad. Las dos vivimos vidas extremadamente ocupadas, en mundos muy diferentes, pero tenemos ese tipo de relación en la que podemos hablar abiertamente y honestamente sobre nuestras vidas. Valoro mucho esta amistad y me ha ayudado a pasar por épocas difíciles a través de los últimos años.
 
¿A quién le has dado el derecho de poder hablar sobre tu vida? No escuches todas y cada una de las opiniones de la gente porque eso sólo te traerá confusión. Permite que las personas correctas y de confianza te hablen honestamente.
 
En la Biblia también encontramos la historia de un joven rico (Marcos 10) que había estado viviendo con sacrifico, cumpliendo las leyes y todos los preceptos, sin embargo, cuando Jesús le dijo lo que tenía que hacer no le gustó. En el versículo 21 dice: “Jesús lo miró con amor y añadió:…”
Piensa por un momento ¿a quién le estás dejando amarte lo suficiente como para poder mirarte a los ojos y decirte no lo que quieres oír, sino lo que necesitas oír? Tristemente, este hombre joven no quiso recibir lo que Jesús le había dicho y se fue afligido. Nunca más se nos habla de él en la Biblia, un espíritu correcto es lo suficientemente humilde como para mantenerse enseñable.
 
Moisés, fue un líder de millones acostumbrado a estar en el mando, pero su suegro Jetro, lo corregía y le enseñaba (Éxodo 18). El versículo 17 dice: “Lo que haces no está bien”. Y el 24 continúa diciendo: “Oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que él le dijo”. Moisés tenía un espíritu enseñable.
 
¿Eres enseñable? ¿Interpretas las cosas de manera que vayan bien contigo en vez de aprender del poder de la obediencia? Si no dejas que te digan esas cosas estarás saboteando tu futuro. ¡Todos necesitamos muchas veces personas que nos salven de nosotros mismos!
 
Así que, trabajemos en tener un espíritu enseñable, que sea el Señor trayendo las personas correctas a nuestras vidas, personas que hablen sabiduría y discernimiento y que Dios forme en nosotros un corazón que oiga y reciba.

Editado por Emerson Martínez @ememartinez25 

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